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03/03/2026

El refugi de la Farzana a Barcelona

En los pasillos de la Facultad de Medicina de la UB pasea, entre los estudiantes, una chica morena, menuda, de larga cabellera y ojos grandes. Tímida pero nada perdida. Se trata de Farzana (Herat, Afganistán, 2000). Hija de una familia de clase media que huyó en 2021 del régimen talibán. Partió con una exigua mochila: unos libros, el collar de una amiga y su expediente académico.

“Aquel día perdí mi identidad. Yo era una estudiante de 4º de Medicina con un futuro. En mi país es tan difícil para una mujer hablar de sus dolores ante un hombre. Éramos muchas mujeres que queríamos modernizar la sociedad, ocupar puestos sociales de relevancia”, recuerda Farzana. Se fueron a Irán y, a través de la Cruz Roja y de su hermana, fiscal, pudieron llegar a España.

“Aterrizamos en Málaga mis padres y yo. Entramos como refugiados. Aunque nos sentíamos seguros, tanto en Málaga como en Huesca, fue muy difícil para nosotros. Mis padres son mayores y yo no podía estudiar ni trabajar. No conocía la cultura ni la lengua. Tenía que preocuparme por la burocracia. No conocía a nadie y en Afganistán la situación cada vez era peor”. Fue una etapa triste que se hizo más angustiante cuando su madre fue hospitalizada al debutar con diabetes.

“En mi país es tan difícil para una mujer hablar de sus dolores ante un hombre. Por eso muchas mujeres queríamos modernizar la sociedad”.

Al cabo de un tiempo llegaron a Barcelona. “Fue el 22 de octubre de 2023. Esta fecha es muy importante porque esta ciudad cambió mi vida”. Se apuntó a clases de catalán: “Quería integrarme”.

Una profesora se conmovió con su historia y escribió a la Facultad de Medicina de la UB. La petición llegó al decano Antoni Trilla. La recibió junto a la jefa de estudios de Medicina, la catedrática Carme Junqué. “Vimos que tenía ganas genuinas de estudiar y de ser médica. No le podíamos prometer nada porque desconocíamos el marco en el que nos podíamos mover. Pero nos lo tomamos en serio”, afirma el doctor.

El trabajo administrativo fue ingente, así como la preparación de su adaptación al grado. Se activó la vía administrativa que la identificaba como refugiada y se solicitó el traslado del expediente a la universidad de origen.

El campus Jami, situado en la ciudad natal de Farzana, Herat, se había convertido en cenizas. “Nos mostró su expediente”, relata Trilla. Así que, junto con Junqué, repasaron exhaustivamente el temario, asignatura por asignatura, anotando las prácticas realizadas.

“El plan de estudios de los primeros cursos de Medicina suele ser parecido en todas las universidades, con materias comunes como anatomía”. De los tres cursos convalidaron uno y algunas materias de segundo. Los estudios de Medicina de la UB son muy exigentes. La facultad se encuentra entre las 75 mejores del mundo y a ella acuden los estudiantes con mejor nota de selectividad.

“Preparamos un aterrizaje suave teniendo en cuenta que el ritmo de estudio es alto, que ha aprendido catalán y castellano pero aún no los domina, y que tiene cargas familiares importantes a sus espaldas”, explica el doctor. Cursó una materia de 2º y asistió como oyente al resto. “La delegada de curso procuró que no estuviera sola”.

Esta joven compagina los estudios de 3º con la ayuda a las niñas de Afganistán, a quienes facilita clases clandestinas.

La directora de BarcelonActua, Laia Serrano, una fundación que ayuda a personas en situación de migración, explica que cada año llegan a la ciudad muchos estudiantes con gran potencial que no pueden validar sus estudios de FP o universitarios y se ven abocados a trabajos precarios de la economía sumergida. La fundación ha acompañado y orientado a Farzana y le ha proporcionado un mentor, Daniel Selva, médico. Además, la puso en contacto con la asociación Ponts per la Pau, de Nadia Ghulam, con la que colabora ahora para que niñas afganas reciban clases en la clandestinidad.

Pese a su tranquilidad económica, los padres de Farzana están desorientados: son mayores, no hablan la lengua y esta tierra, a la que están agradecidos, les resulta extraña. Necesitan el apoyo y los cuidados de su hija.

Tras el curso puente 2024-2025, se matriculó en 3º curso en septiembre. “Está integrada, pero académicamente le cuesta mucho”, indica Trilla. Están valorando si es cuestión de conocimiento o de expresión del mismo. Por una parte, la lengua. En Herat estudió en darí, variante afgana del persa, emparentada con el kurdo. Conoce el inglés, pero el salto a expresarse por escrito en lenguas románicas no le resulta fácil.

Por otra parte, se enfrenta a una metodología de evaluación exigente y desconocida para ella. Los exámenes son tipo test, como el MIR: muchas preguntas complejas en poco tiempo. “Seguimos su progreso y adaptaremos los estudios a su ritmo, si es necesario, como hacemos con los deportistas de élite, por ejemplo”, dice Trilla.

“El decano me ha ayudado mucho. Mucha gente. No puedo estar más agradecida. Antes no tenía ninguna esperanza de continuar mis estudios y ahora estoy encaminada. Tengo amigas, como Lucía. Soy muy feliz”. En el futuro, Farzana quiere estudiar medicina familiar y ocupar el CAP de una comunidad pequeña, lejos de la ciudad, para cuidar a su población.

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